Inicio > Historias > La Aventura del Cuadro Cambiante: Parte Seis
~ 2005-02-25

Ya estáaa, ya. ¿Veis? No hay hiato. Las cosas siguen su curso. Que se acelera, inevitablemente, hasta el desenlace. ¡No haya pánico! Al menos, aún no...

Si quieres empezar desde el principio, la primera parte de la historia está aquí. Luego sólo sigue las entradas en orden cronológico. ¡Fácil!


***


'La sangre en la parte posterior de la cabeza...'El telegrama de Lestrade conseguía el prodigio de ser prolijo en palabras y parco en información. Pude sacar en claro que Smythe había encontrado a su tío muerto en el estudio cuando se levantó, y aunque no había señales de violencia, llamó a la policía y les comentó que había contratado mis servicios, por lo cual Lestrade decidió llamarme. Tomé el primer tren que pude y llegué a Islington con el ánimo perturbado, pero sabiendo que necesitaría tener la mente clara si mis temores respecto a la muerte de Fernville se confirmaban.

No es la primera vez que pierdo un cliente, Watson. Usted recordará sin duda al pobre Hilton Cubitt, y a John Openshaw, cuyas muertes todavía me remuerden la conciencia. Y aunque en este caso la lógica me obligaba a reconocer que difícilmente hubiera podido impedir lo que ocurrió, no pude evitar sentir ese pequeño aguijonazo de dolor, el pensamiento insistente de que podría haber hecho las cosas de otro modo, podría haber sido más astuto, más convincente, más previsor... Pero me desvío del caso.

Encontré la casa de Islington en el estado de confusión normal en estas ocasiones. Lestrade y un par de policías de uniforme vagaban por los alrededores con un aire de ineficacia oficial que en otras circunstancias hubiera encontrado cómico. Mi cliente estaba sentado en el vestíbulo, abatido y muy pálido, pero antes de poder ir hasta él Lestrade me vio y vino a mi encuentro.

-Ah, señor Holmes -dijo, estrechándome la mano y sonriéndome con su sonrisa afilada de comadreja-. Pensé que debía llamarle, aunque el caso parece bastante claro. De hecho no lo llamaría un caso, más bien un desgraciado accidente.

Había un cierto temblor inquieto alrededor de los ojos acuosos del inspector, y deduje que no me había llamado únicamente como cortesía profesional.

-¿Cuál es su teoría, Lestrade? -pregunté abruptamente; mi humor no estaba como para charlas intrascendentes.

-Bueno, el viejo estaba en su estudio, últimamente pasaba muchas horas allí, según el sobrino. Algo debió asustarle por la noche; parece que sufrió un ataque. Se golpeó la cabeza contra el mármol de la chimenea, pero es pronto para decir si fue eso, y no el ataque, lo que le provocó la muerte.

-¿Le ha comentado Harold Smythe el estado de ánimo de su tío a causa de un cuadro?

-Sí, um, me lo ha... Es decir, eh, lo he visto -dijo Lestrade, rehuyendo mi mirada-. Curioso fenómeno, ¿no le parece? Casi se diría que... Um. No negaré que produce una fuerte... impresión.

-¿Sería posible examinar el estudio? Espero que sus agentes no hayan tocado nada, Lestrade. Fernville era el tío de mi cliente y, como cortesía, me gustaría examinar las circunstancias de su muerte tan detalladamente como sea posible.

-No, no hemos tocado nada, Holmes -replicó Lestrade, molesto-. Sabe que hace tiempo que solemos aplicar algunos de sus métodos en nuestras investigaciones, aunque personalmente creo que en la mayoría de los casos, y más en este, son exagerados e innecesarios.

-Estoy seguro de que lo cree -dije-. ¿Me permite pasar?

No esperé su respuesta y me dirigí hacia el interior, eligiendo no hacer caso del murmullo a todas luces disgustado que raspó a mis espaldas. Cuando llegué a donde estaba mi cliente, le ofrecí mi mano. Él la estrechó maquinalmente.

-Señor Smythe, lamento mucho esta desgracia. Dígame qué ocurrió, por favor -le rogué-. El inspector Lestrade no me ha proporcionado todos los detalles.

-Señor Holmes... No... no estoy seguro. Ayer, tras irse usted, mi tío me echó de su estudio y se encerró en él durante horas. Se negó a cenar; cuando nos retiramos, todavía seguía allí y nos echó a cajas destempladas. Es mi costumbre levantarme muy temprano y trabajar un par de horas antes del desayuno. Cuando salí de mi cuarto y vi que el de mi tío tenía la puerta abierta y la cama sin deshacer, bajé a ver si se había dormido en el sillón y... le encontré en el suelo. Temo... temo haber causado esto, al traerle a usted a casa...

-No piense en eso ahora -ordené secamente, esperando poder hacer yo lo mismo-. ¿Tocó el cuerpo?

-Le... le busqué el pulso, le levanté la cabeza. Había sangre... -Smyhte se miró las manos y pareció a punto de desmayarse. Le hundí bruscamente la cabeza entre las rodillas y le insté a respirar profundamente.

-Agente, traiga un poco de brandy, rápido -el policía, un ejemplar típico de nuestras fuerzas del orden, con la masa y el cerebro aproximados de un buey, miró a Lestrade. Recibiendo una desganada inclinación de cabeza del inspector, desapareció y volvió al poco con el brandy. Tras beberlo, Smythe recuperó un poco el color.

-Quédese aquí. No tardaré mucho -dije, y entré en el estudio.

-No hemos tocado nada, como ve -dijo Lestrade desde la puerta, con tono aburrido-. De todos modos le diré que todo parece normal.

Todo, pensé, menos el cadáver que yacía boca arriba junto a la chimenea.

Usted conoce mis métodos, Watson, y no le aburriré con una descripción detallada de todo lo que examiné; baste con decir que no había huellas evidentes de violencia ni de lucha. Cenizas en la alfombra marcaban el paso de alguien que, agitado, había dejado caer ceniza de un cigarro en cuatro puntos.

El cigarro estaba en el cenicero, junto a otros dos. Lestrade me vio examinándolos.

-Son la marca que fumaba el viejo -me dijo-. No hay nada extraño ahí, Holmes.

Me incorporé con un pequeño suspiro de exasperación.

-No hay nada extraño si no mira usted las colillas, Lestrade -dije secamente-. Observe: dos de ellas han sido apuradas al máximo, y hay claras marcas de dientes. La otra ha sido apagada mucho antes, y muestra abundantes huellas de saliva, pero ninguna de dientes. Esa colilla fue fumada por Fernsville. Las otras dos, por un hombre más joven que tiene la costumbre de hablar mordiendo el cigarro. Un hombre que se paseó por esa alfombra gesticulando con vehemencia, y durante cuya visita Fernville perdió los nervios hasta el punto de tirar su propio cigarro al suelo: vea la quemadura reciente en la alfombra. Luego lo recogió y lo dejó en el cenicero.

Lestrade boqueó, y se acercó para mirar el cenicero, como si no pudiera creer en la realidad de sus propios ojos.

-Que me aspen, señor Holmes, no le diré que no es un pequeño detalle curioso -dijo-. Pero eso sólo quiere decir que el viejo tuvo visita anoche.

-Quiere decir mucho más -dije irritado, un poco para mí mismo, y me arrodillé junto al cuerpo. Fernville yacía boca arriba, con los ojos abiertos y la cara contorsionada en un rictus. Estuve a punto de decir en voz alta "Bien, Watson, ¿qué opina de esto?", pero me detuve a tiempo. La sangre en la parte posterior de la cabeza provenía de un golpe dado contra el remate de mármol de la chimenea, sin lugar a dudas, aunque la bufanda que Fernville todavía llevaba estrechamente anudada al cuello había amortiguado un poco el impacto. Como cadáver, Fernville era mucho menos informativo que en vida. Me levanté con un suspiro.

-Lestrade, yo en su lugar buscaría de inmediato a un hombre que se hace llamar Xavier Saw. Es el visitante de Fernville y, en el mejor de los casos, es la última persona que lo vio con vida.

-Saw, ¿eh? El sobrino no nos ha hablado de eso -comentó Lestrade tomando notas en su libreta, con un tonillo que quería ser sagaz y que me dio ganas de abofetearle-. Bien, le buscaremos, aunque dudo que pueda añadir nada más.

-¿Eso cree? ¿Y qué cree usted que ocurrió, Lestrade?

-Lo que ya le he dicho. El viejo estaba en el estudio, y algo le sobresaltó. El cuadro, seguramente: esa cara rara que se ve debe dar escalofríos de noche y sólo con la luz de las llamas de la chimenea. Cayó hacia atrás, y se golpeó la cabeza. La muerte debió ser instantánea, o casi. Si usted dice que tuvo un visitante, pues bien, quizá fuera así, pero eso no añade ni quita nada al caso.

-No añade ni... Lestrade, si quiere presumir de su pomposa ignorancia, hágalo ante alguien que no sea yo. ¿Ha hablado con Smythe? ¿Sabe la historia del cuadro, las visitas de Saw, la venta de objetos de arte que ha ido realizando Fernville?

-Sí, sí, sí, señor Holmes, ya sé. Usted siempre insiste en esas minucias. Asignaré algún agente a ello, ya nos enteraremos de todo. ¿Ha terminado aquí?

Le juro, Watson, que en ese momento lo vi todo rojo. Pese a todos sus defectos, Lestrade no es exactamente un imbécil integral; posee constancia y cierta astucia rastrera que le sirve a veces para dar caza a algún que otro criminal. Pero aquíestaba dispuesto a pasar por alto detalles cruciales, detalles de vida o muerte, simplemente porque ya se había formado una idea de lo ocurrido y no estaba dispuesto a dejar que cosas tan insignificantes como los hechos, las pruebas o las pistas le hicieran cambiar de opinión. La credulidad de Fernville nacía del miedo, la culpa, y las hábiles mentiras de un manipulador. Pero Lestrade llevaba unas anteojeras que se había puesto voluntariamente para no complicar su pequeña y mezquina vida de funcionario del gobierno. Puestos a elegir entre esos dos fallos del raciocinio humano, soy mucho más capaz de entender el de Fernville.

Algo de lo que estaba pensando en este momento debió asomar a mi expresión, porque Lestrade carraspeó, masculló algo sobre vigilar a sus hombres, y salió de la estancia. Un instante después oí su voz atiplada gritándole algo a uno de los agentes. Me desentendí de él y me volví hacia el cuadro.

No me importa decirle que para entonces ya sentía por el rostro una antipatía rayana en el aborrecimiento. Lo que había empezado como un juego había seguido como un delito, y había terminado en una muerte que, quizá, apuntaba a un criminal. Nada en el cuerpo hacía suponer que la bonita teoría de Lestrade no fuera cierta, pero yo no podía admitirlo con la misma liviandad de espíritu. Si las pruebas me llevaban hasta una muerte accidental, las seguiría hasta allí. Pero todos mis instintos me decían que el final del camino sería mucho más siniestro.

El rostro seguía allí, tan odioso como siempre; parecía mirar al cadáver con una sonrisa de satisfacción y sentí un impulso repentino de hacerlo pedazos allí mismo. Pero me limité a sacar mi lupa y examinarlo cuidadosamente en busca de indicios de manipulación. Al acercarme percibí un leve aroma a disolvente; Saw había hecho algo la noche anterior, pero el rostro presentaba el mismo aspecto que cuando yo lo vi por primera vez. Me erguí, ahogando una exclamación.

Lestrade vino hacia mí de nuevo con una sonrisa divertida que empezó, imagino, cuando me vio olisqueando el lienzo. Pero pasé de largo y fui hacia donde mi cliente, que había recuperado un poco el color.

-Señor Smythe -dije-, ahora debo irme. Pero volveré esta noche y espero para entonces tener información que pueda servirle para, al menos, entender parte de esta tragedia.

Smythe boqueó en busca de una respuesta que no esperé a escuchar. Salí de la casa a paso rápido y me dirigí a la estafeta de correos más cercana. Si la policía había decidido cerrar los ojos, tanto mejor; por mi parte, decidí que había llegado la hora de tener una conversación con el señor Xavier Saw.


Comentarios (9)
Enviado por Daurmith el 2005-02-25 a las 01:00


Referencias (TrackBacks)

URL de trackback de esta historia http://daurmith.blogalia.com//trackbacks/27188

Comentarios

1
De: Raddle Fecha: 2005-02-26 16:08

Gracias por estar ahi.
Llevaba días sin entrar en tu bitácora y al hacerlo hoy encuentro la continuación de tu relato. Sé que cada vez tenemos menos tiempo para dedicarnoslo, es una epidemia, por lo que se agradaece el esfuerzo. Muchas gracias por la continuación y, sobre todo, por estar ahí. Recibe un cordial saludo



2
De: Daurmith Fecha: 2005-02-26 16:28

¡Gracias por leer, Raddle! Es bueno saber que la gente sigue pese a mi descortés ausencia. Escribir es un placer un poco egoísta -si no me gustara, no lo haría-, pero cuando ves que hay gente con la paciencia y el aguante como para seguir al pie del cañón durante este largo, largo relato (en tiempo, no en palabras), entonces el placer se duplica. Así que gracias a vosotros. :-)



3
De: Crystal Fecha: 2005-02-26 21:02

Yupi! Este... ejem. Gracias, Daurmith, esta vez no has tardado mucho, ¡que no decaiga! :D



4
De: peke Fecha: 2005-02-27 00:44

Me acabo de leer las últimas entradas (desde el año pasado, ejem) de una tacada; si admites comentarios te haría un par de ellos. Está muy bien, que conste, pero hay algo que me chirrió un poquito.
Pero nada, nada. Sigue, por favor. A ver cómo lo resuelves. :)



5
De: Daurmith Fecha: 2005-02-27 01:35

¡Claro que admito comentarios, peke! Otra cosa es que les haga caso, pero allá se condene cada cual...



6
De: [Quique] Fecha: 2005-02-27 16:07

Bien, bien, esto va muy bien.



7
De: Kheledul Fecha: 2005-02-28 12:00

Por Dios!!!! No me(nos) dejes así. Por favor, la siguiente entrega que no tarde :-)



8
De: juanan Fecha: 2005-03-01 13:59

¡Hola Adela! me alegró saludarte el otr día vía Capote. Y más me alegra que hayas seguido con el relato
un beso



9
De: Daurmith Fecha: 2005-03-01 17:06

¡No, no, no tardaré, Kheledul, prometido! Es que estoy teniendo un par de días agobiaetes.

Igualmente, Juanan. A ver si lo acabo pronto y retomamos la programación habitual de este blog.



Nombre
Correo-e
URL
Dirección IP: 54.166.123.247 (4dc4dd3b51)
Comentario

Ir Arriba


La Biblioteca de Babel (Header)

Enlaces

Archivos
Relatos
Cuadros de Adela Calatayud
Correo de Babel

Feed:
RSS

Últimos Comentarios

  • juncal en Espera (para @Divagacionistas)
  • Bonifacio Álvarez en Espera (para @Divagacionistas)
  • Daurmith en Espera (para @Divagacionistas)
  • Bonifacio Álvarez en Espera (para @Divagacionistas)
  • Daurmith en Espera (para @Divagacionistas)
  • Bonifacio Álvarez en Espera (para @Divagacionistas)
  • Bonifacio Álvarez en Espera (para @Divagacionistas)
  • Bonifacio Álvarez en Espera (para @Divagacionistas)
  • Bonifacio Álvarez en Espera (para @Divagacionistas)
  • María Del Mar en La voz de Jeremy Brett
  • Ir a:

    Mi Barrapunto
    STE
    Homo Webensis
    ARP
    El Paraíso de las
    Matemáticas

    Proyecto Gutenberg
    BLOGALIA
    FoldingAtHome
    La Biblioteca de Babel II


    Bitácoras majas:

    Una cuestión personal
    Cuaderno de bitácora
    Taller literario
    Por la boca muere el pez
    Paraphernalia
    Batiburrillo
    Cadenas bien formadas
    El fondo del asunto
    Karl en el País
    de los Mentirosos

    El Paleofreak
    Fa.Brizio.Info
    A Contraluz
    Magonia
    pjorge.com
    Aaiunea
    Uno por uno...
    La Guarida del Dragón
    Círculo Escéptico
    Pharyngula
    Mekatharra
    Casino y Furcias
    xkcd
    Curioso pero Inútil

    ¡Mis listas de los deseos!
    Amazon.com
    Amazon.co.uk

    Blogalia

    Blogalia

    [Comunidad de la Plumilla]

    IBSN: Internet Blog Serial Number 12-02-1809-05