Tengo a Saturno muy visto. Hay fotos, dibujos, infografías y webs enteras dedicadas al planeta más cuco del sistema solar. Porque es el más cuco, no me lo negarán. Júpiter es más bonito, una canica de franjas multicolores, pero Saturno, con sus enormes anillos, es el planeta. La silueta que todos reconocemos y la imagen que nos viene a la mente cuando nos hablan de un "planeta".
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Enviado por Daurmith el 2012-05-14 a las 23:08 |
Me he unido a la iniciativa #sinCiencia con este video:
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Enviado por Daurmith el 2012-05-04 a las 20:40 |
Viene de la primera parte, si no, no sería la segunda... La cafetería del AVE se ha convertido en un sitio de tertulias y algún que otro mítin. La camarera contempla con resignación a los mitineros, que ocupan todo el espacio y hablan en voz, digamos, penetrante. Una mujer bajita me mira de reojo. No reacciono y sigo leyendo. Ella se acerca con movimientos lentos y cuidadosos, como si fuera a dar de comer a un león, y pone despacito, muy deliberadamente, su vaso de café vacío en el plato con los restos de mi desayuno. Y se va. O no ha encontrado la papelera o me he perdido algo. *** En una cola de cosas de la vida real, leyendo la Nature de esta semana. Un señor se acerca, curioso, a cotillear por encima de mi hombro. Es sorprendente lo rápido que se retira cuando ve que estoy leyendo un abstract llamado The thermodynamic meaning of negative entropy. *** Hace dos semanas vine a este bar, me comí un pincho de tortilla de atún espectacularmente bueno, y asistí divertida a la conversación entre varios parroquianos habituales. En la tele estaban poniendo un documental sobre cómo se construyeron las pirámides, y los tertulianos hablaban con calma y mesura de templarios y órdenes monásticas, con un leve desvío por las propiedades de la iglesia y alguna elucubración sobre el tesoro de los templarios para no perder las buenas costumbres. Hoy la tele muestra un programa matinal de esos de miserias y muchos gritos en los que se ofrecen como entretenimiento las opiniones más estridentes disponibles. Los parroquianos, tras dictar sentencia brevemente sobre el tema tratado, se han puesto a hablar de fútbol y han tardado poco en cambiar a las noticias locales. Hay esperanza, insisto.
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Enviado por Daurmith el 2012-04-12 a las 14:54 |
Son tiempos revueltos por todas partes, leer el periódico es sinónimo de querer trasegarte una botella de vodka a gollete sólo para que se te pase el susto, y estamos todos aprendiendo palabras nuevas cada día, todas ellas relacionadas con lo mal que van las cosas. Vale. Yo he desaparecido estas semanas por falta de tiempo, como siempre; un valor este -el tiempo- que considero cada vez más precioso. Pero entre susto y susto de titulares, no para de rondarme por la cabeza la caída libre en que ha entrado la ya de por sí comatosa investigación española. Es algo que me tiene triste, preocupada, cabreada y sobre todo asustada. Veréis. España no es un país muy rico en recursos naturales; tampoco es rico en agua dulce, y probablemente sea cada vez más pobre a medida que avance el cambio climático. Carece de muchos de los felices accidentes geográficos o geológicos que dan a otros países riqueza en forma de yacimientos de minerales estratégicos, de combustibles fósiles, de caladeros excepcionales. Qué le vamos a hacer; el planeta es como es y nosotros vivimos aquí. Pero hay una cosa que España sí que tiene, y que tiene el mismo potencial que el mejor recurso del país más rico y avanzado que hoy por hoy pueda existir; un recurso poderosísimo que puede poner a cualquier país a la altura de los mejores del mundo. Un recurso que puede generar riqueza real y duradera y que no depende de tener tal o cuál yacimiento o cultivo. No, no hablo de Gran Hermano. Cada año nace en España aproximadamente medio millón de científicos. Quinientas mil mentes despiertas, curiosas y con ganas de aprender, capaces en potencia de aprovechar el conocimiento científico acumulado por el mundo durante unos pocos siglos y ponerlo al servicio del desarrollo y la prosperidad del país. No somos capaces (nunca lo hemos sido) de aprovechar ese recurso, que es renovable al 100% y muchísimo más eficiente que tener yacimientos (finitos, siempre) de cualquier cosa. Cada vez que alguien se propone hacer algo al respecto choca con una inercia de siglos y una actitud apática y basada en el corto plazo y en el beneficio inmediato. Y como el beneficio inmediato nunca funciona, porque la investigación científica no funciona así, dicen aquello de "esto no es rentable" y lo paran. La investigación no es un tren. No puedes pararla y esperar no haber perdido terreno cuando vuelvas a arrancar. La investigación, que debe nutrirse de un sistema educativo en el que se fomente la curiosidad y el pensamiento crítico (no al revés) es una carrera de fondo, difícil y poco llamativa en general (con sus excepciones). Pero consigue que, primero, se puedan gestionar de la mejor manera posible los recursos que haya disponibles en el territorio, y segundo, que se busquen y se encuentren maneras de aprovechar todo lo que no se creía aprovechable. Y consigue curar mejor, y prevenir más, y descartar soluciones poco eficientes, y alimentar a más gente con menos agua y peor suelo, y -muy importante- transmitir la idea, real y bellísima, de que tenemos a mano lo necesario para hacer cosas que no podíamos ni imaginar hace cinco, diez, quince años. Basta con tener esas mentes curiosas e inquietas aquí, en casa, rebuscando debajo de las piedras, hablando con el resto del mundo, transmitiendo su entusiasmo y sus ganas de entender y de aprender y de enseñar. No hace falta que sea medio millón, pero hace falta que estén. Que se vayan, aprendan, y vuelvan. Que se traigan a gente de fuera que venga a aprender aquí porque aquí tengamos cosas que enseñar. Que la gente quiera venir aquí a investigar, en vez de irse. ¿Es caro? No. Es baratísimo. Eso sí: cuesta mucho dinero. Pero es baratísimo. Derek Bok, ex-presidente de Harvard, decía "Si crees que la educación es cara, prueba con la ignorancia". Y añado yo: "Si crees que investigar es caro, prueba a no hacerlo". Aquí en España llevamos demasiado tiempo probándolo. ¿Qué creéis? ¿Nos funciona? ¿Seguimos así?
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Enviado por Daurmith el 2012-03-30 a las 12:06 |
| Las recientes adaptaciones de Sherlock Holmes, en forma de frenéticas películas sin más ambición que la diversión y excelentes reinterpretaciones contemporáneas que se convierten en un festín de referencias cruzadas, son para una fan de Holmes como yo una fuente de entretenimiento, ya que no siempre de placer. Y me apresuro a decir que tanto las pelis de Ritchie como la adaptación de Moffat y Gatiss me encantan. Las películas me caen bien, porque no me amarga la vida el hecho de que el Holmes de Robert Downey Jr. sea más bien un Batman maníaco y victoriano antes que un Holmes; son aventuras steampunk que toman de las historias originales algunas frases memorables y el andamio de la trama, y luego echan a correr por los caminos opuestos a la lógica. Pero eso está bien: son películas entretenidas que no pretenden más que entretener y que en el camino han dado con algunos hallazgos narrativos que me gustan mucho. Prefiero, la verdad, este tipo de happy meal de adrenalina a las deconstrucciones psicológico-sesudas de otras adaptaciones que buscan y rebuscan en la psique de un personaje de ficción para encajarlo a la fuerza en estándares hollywoodienses. Yo me entiendo. De la adaptación de Moffat y Gatiss no digo nada, porque babeo. Aunque para mí van primero, siempre y sobre todo, las historias originales, me quito el sombrero ante la habilidad con que los creadores de Sherlock han tirado de aquí y empujado de allá, quitando y poniendo, resaltando y atenuando, hasta conseguir historias de Holmes perfectamente originales que son incluso menos fieles a los relatos de Doyle que las películas de Ritchie, pero que no lo parecen. Pero una cosa que me gusta especialmente de esta nueva hornada holmesiana no es necesariamente nueva. Ya la inició la que sigue siendo para mí la mejor adaptación de las historias de Holmes, en cuanto que adaptación, y que fue la que hizo Granada TV, con el incomparable Jeremy Brett y el heroico David Burke. Y digo heroico porque Burke luchó contra el topicazo más injusto del canon holmesiano y venció. Y no me refiero a la gorrita de cazador de ciervos ni a la meerschaum, sino a la idea, culpa de Hollywood y de Nigel Bruce, de que Watson es tonto. Watson no es tonto. Nunca lo fue. Es un hombre normal en compañía de un genio que nos haría tontos a todos. Watson no es tonto, ni viejo, ni bajito, ni gordito, ni glotón, ni el contrapunto cómico de Holmes. Watson es leal, bondadoso, generoso, valiente, y el complemento humano de Holmes. Burke fue el primero que lo desencasilló, en una interpretación canónica y entrañable, pero desde entonces el mensaje ha calado: Watson ha resurgido como lo que debe ser: un médico militar valiente, no tan brillante como Holmes (¿pero quién lo es?), y lo bastante seductor como para haberse casado por lo menos dos veces. La versión de las películas, interpretada con humor y aplomo por Jude Law, está tan ciclada que se hace difícil pensar cómo es que el ejército británico dejó marchar a semejante Terminator (claramente su herida no le impide zurrar a un número apocalíptico de malos), pero tiene toda la apostura de los grabados de Paget, y un sombrero fenomenal de propina. El Watson contemporáneo de Martin Freeman tiene una frialdad ajena al original, a pesar de los jerseys tricotados y la sonrisa fácil, una dureza más moderna y una inteligencia que se manifiesta en sarcasmo a las primeras de cambio, mientras que el Watson original se veía más circunscrito por los modales victorianos y su descontento por la falta de empatía de su amigo tenía salidas algo menos directas. Pero con sus diferencias, Watson ha resurgido de su injusto papel de tonto y ha vuelto a ser lo que era en el original: el "amigo y colega" de Sherlock Holmes, tal como lo presentaba el detective. Ni su comparsa, ni su tonto útil. Y me alegro mucho. |
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Enviado por Daurmith el 2012-02-20 a las 13:08 |
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Enviado por Daurmith el 2012-02-12 a las 19:40 |
Anoche iba yo hacia el coche, caminando deprisa por las calles frías y como acurrucadas del pueblo. La temperatura descaradamente invernal ocupaba todos mis procesos mentales, hasta que el portazo al entrar en el habitáculo me sirvió de divisoria, cortando el frío como quien corta un trozo de pan; hice incluso el preceptivo "buf" agudo que haces cuando cierras la puerta a una intemperie de las que hacen que el exterior sea eso, intemperie, más que exterior. Las luces de los faros blanquearon un poco la penumbra anaranjada de las farolas de sodio; apenas asomaba el coche una rueda a la calzada cuando otros faros gemelos, pequeñitos, me miraron. El gato cruzó la calle a la carrera, alertado por el ruido del motor, mirándome por encima del hombro con la expresión entre alerta y vacía que tienen los gatos por la noche. Era joven, negro, rápido. Detrás de él caminaba otro gato, más pequeño, más delgadito, atigrado en grises. Sus ojos hicieron eco a los de su compañero, devolviéndome la luz de los faros del coche. Los dos cruzaron veloces, mientras yo salía despacito; el negro trotando a buen ritmo por la acera, el pequeño gris siguiéndolo un largo por detrás y un poco a su derecha, con determinación pero con la timidez del que no se sabe líder en la pareja. Ya me había puesto a su altura cuando llegamos a la esquina. El gato negro giró resueltamente hacia la derecha. El gatito gris, que aún no había llegado a la esquina, desapareció. Se disolvió en un soplo de aire gélido y limpio y en una hoja amarilla que trazó un tirabuzón y se fue tras el gato negro. Yo me fui en sentido opuesto, pensando en lo que había visto, y llegué a una conclusión. Los fantasmas no existen. Pero las historias de fantasmas, sí.
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Enviado por Daurmith el 2012-02-06 a las 11:20 |
No, tranquilos, hoy no toca que os agobie con un drabble. Hoy os ofrezco la oportunidad de leer otro, porque un amigo, intrigado por el concepto de drabble que conoció a través mío (una composición, os recuerdo, de cien palabras, ni una más ni una menos, inluyendo el título), probó a "romper mano" con uno. Aquí lo tenéis, en su tumblr "Cosas de Suecos"; a mí me encantó. Mirad si os gusta, y si os gusta, decídselo, que de esto vivimos los que no vivimos de esto. Sé de buena tinta que pretende escribir más. Y hablando de vivir de esto: acaba de entrar al mundillo literario la web de la primera novela de Santiago Álvarez, otro amigo y un estupendo escritor: Es novela negra, y está ambientada en Valencia, como debe ser (Valencia es una de esas ciudades eclipsadas por su propio tópico, que tiene sin embargo más capas que una cebolla, escondidas como sus acequias urbanas y sus leyendas profundamente levantinas). Y si os dáis un garbeo por la web, cosa que os recomiendo encarecidamente, veréis por qué tanto la ambientación como el detective son un hallazgo. Así que hoy, como véis, son recomendaciones de otros, que siempre molan más que las propias. |
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Enviado por Daurmith el 2012-02-05 a las 13:05 |
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